Plan de estudios, economía crítica y traumas de los ’90. Reflexiones sobre un debate empantanado

Esta nota la escribí para la Revista Kamtchatka de mayo 2015, en torno al Plan de Estudios de la carrera de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

Por Mercedes D’Alessandro

Doctora en Economía de la Universidad de Buenos Aires

Cuando los hechos cambian, cambio de opinión.¿Qué hace usted, señor?” (Keynes)

En 1997 se hizo la última reforma del Plan de Estudios de la carrera de Economía de nuestra facultad, desde entonces hemos vivido dos grandes crisis: la argentina en el 2001 que dejó a más del 50 por ciento de la población bajo la línea de pobreza y más de 25 por ciento de los trabajadores sin empleo (entre otras variables económicas en desgracia); y la que estalló en Estados Unidos en 2008 derramándose sobre todo el planeta a través de su impacto en el sistema financiero internacional.

La crisis del 2008 –comparada en magnitud con la Gran Depresión del 1930- dinamitó los consensos establecidos en torno a qué es una crisis, la capacidad de las políticas económicas para actuar sobre el ciclo, el rol del Estado, la necesidad de regulaciones en el sistema financiero, etc. Todos los académicos del mundo sacudieron sus viejos apuntes y discutieron fundamentos, modelos, alternativas, incluso volvieron a viejas discusiones conceptuales que se suponían saldadas. Hubo un boom de la llamada heterodoxia[1].

En Argentina, la crisis del 2001 significó un cambio profundo en la concepción del rol del Estado en la economía y una vuelta a las viejas teorías estructuralistas latinoamericanas y el keynesianismo. Gran parte de Latinoamérica vivió un proceso de transformación que afectó la dinámica de sus relaciones económicas, sociales y financieras, inaugurándose una nueva etapa para la economía de la región en donde los Estados nacionales ocupan un rol protagónico.

¿Qué marco teórico es capaz de explicar la crisis internacional? ¿Argentina es un fenómeno similar o responde a otra concepción o leyes económica? ¿Es necesaria una economía nacional y/o latinoamericana? Y ya pensando en nuestro plan de esudios, ¿es útil el plan vigente (de 1997) para entender nuestro presente? ¿Sirve una carrera organizada bajo la órbita de un solo marco teórico –el neoclásico-?

Un plan de estudios para armar

La carrera de Economía por sí misma, y en contra del status quo de las formas, se fue actualizando y abriendo camino hacia visiones alternativas: si bien la estructura de organización y contenidos mínimos es neoclásica, hay cursos heterodoxos en los que se estudian autores fuera del programa y enfoques diversos o nuevos (la heterodoxia se afirma como lo contrario de la ortodoxia, mientras se convierte en la nueva ortodoxia).

El problema es que la mano invisible del mercado no necesariamente te hace recorrer una carrera ordenada, completa y/o útil: muchas veces los estudiantes terminan encerrados en un “Elige tu propia aventura“ con loops que lo llevan una y otra vez a leer el mismo capítulo de Marx o de Keynes ¡o a no leerlos nunca! De repente estás por recibirte y escuchás hablar por primera vez sobre las controversias del Capital, te enterás por el título de una materia optativa de que hay problemas económicos ligados a las diferencias de género, e incluso podés ser un ferviente defensor del modelo de crecimiento con inclusión social que nunca discutió en ninguna materia el rol del Estado en la economía.

De más está decir que tenemos instalado el prejuicio de que lo político es algo separado, ideológico, que no es científico, o que corresponde a otra facultad (así como es cosa de hippies de Puán leer sobre filosofía o preguntarse acerca del pensamiento económico y su significado). Sin embargo la Economía Política está presente en cada Asignación Universal por Hijo y en cada reivindicación de los trabajadores por sus condiciones de trabajo desde los obreros de LEAR afectados por la crisis automotriz de nuestro país, a los trabajadores de Walmart y cadenas de comida rápida en Estados Unidos que luchan por aumentar su salario mínimo.

Vale la pena preguntarse ¿cuál es el objeto de estudio de la Economía Política? No es lo mismo entender que estudiamos cómo asignar recursos de manera eficiente para satisfacer necesidades múltiples, asumiendo además que esa eficiencia está dada por el funcionamiento libre del mercado; que ententer por Economía el estudio de las relaciones sociales de producción que se desarrollan en la sociedad capitalista, sociedad en la cual los productos del trabajo se convierten en mercancías.

Hay claras diferencias entre atribuir la explosión del sistema financiero a la especulación de hombres egoístas y codiciosos o a la falta de regulaciones sobre los bancos[2]. Básicamente, porque lo que podemos hacer en torno a la resolución de estos problemas cambia sustancialmente de acuerdo a nuestra concepción de la acción individual, de las expectativas, funcionamiento de los mercados, rol del Estado o la lucha de clases.

Screen Shot 2015-06-02 at 4.07.54 PM

El cuco del neoliberalismo

En la vorágine por sacarnos de encima los resabios de las políticas neoliberales y la teoría que le da sustento –la vision ortodoxa asociada al libre mercado-, la heterodoxia – ese marco en que hemos estado discutiendo durante estos casi 20 años post reforma – ha perdido el eje de su discusión interna, de su propia agenda. ¿Qué significa ser heterodoxos? ¿Cuál es la lógica, el método, los conceptos centrales que ordenan al pensamiento heterodoxo? ¿Cuál es su concepción del mundo, del Estado, de la sociedad, de las leyes económicas, de los agentes económicos? ¿Hay manera de reconstruir algo así como un pensamiento heterodoxo?

Cuando se discute la situación actual de Argentina, el neoliberalismo aparece como un enemigo del que debemos defendernos a capa y espada, un fantasma que amenaza con venir (quizás colgado de un drone) a arrancarnos todas las conquistas sociales que obtuvimos los trabajadores en los últimos tiempos y a negarnos definitivamente aquellas que no conseguimos. Esta visión apocalíptica, digna de Lilita Carrió, quizás viene bien para las campañas y elecciones. Hoy tenemos un “modelo“ económico agotado, con una estructura industrial que sigue tan concentrada y extranjerizada como en los ’90, con escasez de divisas, inflación de dos dígitos desde hace 8 años (aún con manipulación estadística de por medio), con la frontera sojera extendida a niveles inéditos en nuestro país, etc. Del último gobierno liberal hasta hoy pasaron más de 12 años. Personalmente, le tengo más temor al fracaso de la autoproclamada heterodoxia para mostrar un camino superador al que venimos transitando, a la falta de autocrítica y a la negación de la realidad, que a los zombies que construye nuestra imaginación con cabezas de Cavallo y derivadas nucleares.

Por eso es tan importante y tan urgente tomar las riendas de esta cuestión. Más que economistas heterodoxos, necesitamos economistas críticos: críticos de los neoclásicos, de los clásicos, de los keynesianos, de los estructuralistas, de la teoría de la dependencia, del marxismo. El nuevo plan de estudios tiene que surgir de un proceso de revisión profundo, que incorpore todas las escuelas de pensamiento económico, que exponga sus discusiones internas en el marco de un esqueleto conceptual que permita comprenderlas en su dimensión histórica, espacial, conceptual.

Los debates que mueven nuestra vida económica ya viraron de eje dos veces en Argentina y nuestro plan de estudios ni se enteró. La Universidad no es el eslabón más fuerte en el proceso de transformación del saber económico, sin embargo, es un lugar que como estudiantes, docentes, graduados, investigadores, trabajadores, tenemos que recuperar. Es nuestro espacio de formación, de discusión. Es allí donde deberíamos poder nutrirnos para estar preparados no solo para el mercado laboral, sino también para comprender nuestro objeto de estudio y para poder transformar nuestra realidad.

Volver al futuro

Este no es un problema solo de nuestra facultad, sino un desafío que se presenta en todo el mundo. Hace poco el libro “El Capital en el siglo XXI” de Thomas Piketty se convirtió en best seller. En él, Piketty busca responder la misma pregunta que dio origen a la Economía Política a fines del 1700 con la obra de Adam Smith ¿cuál es la causa y la naturaleza de la riqueza de la Naciones? La dinámica de acumulación del capital ¿lleva a la concentración de la riqueza en pocas manos? o bien, ¿las fuerzas equilibradoras del crecimiento, competencia y progreso tecnológico nos llevarán a reducir la desigualdad en armonía?

El caso de Piketty debería ser inspirador para nosotros: tomó preguntas fundamentales de la Economía Política (que se dieron por saldadas cientos de veces), pero las abordó utilizando toda la información y técnicas de disponibles en nuestro presente. Esta es otra de las grandes falencias de la carrera en la actualidad: necesitamos aprender a manejar las herramientas con que trabajamos, que van desde el simple ejercicio de escribir una tesina y poder exponer una idea con claridad, hasta hacer gráficos utilizando datos complejos o programar.

Hoy tenemos disponible un caudal de información nunca antes visto y al alcance de una computadora con conexión de internet. Allí podemos acceder a cifras de producción en países remotos del mundo, leer y discutir trabajos de economistas alrededor de todo el planeta, asistir a congresos online mientras comemos papas fritas frente al monitor. Se pueden seguir el minuto a minuto de lo que pasa en el globo desde un celular.

Cada vez que abrimos una nueva pregunta nos enfrentamos a la complejidad del mundo de manera abrumadora (y si no te pasa eso, es que ¡no te estás haciendo buenas preguntas!). No casualmente la historia de la ciencia se trata también de la historia de las formas en que el hombre buscó estructurar su saber separando conceptos, estructuras, leyes, lógica. La Big Data es el boom del momento, de lo que se habla en todas las revistas científicas. Sin embargo, enfrentarnos a ese universo de datos sin preguntas, sin conceptos, sin ideas claras, es como arrojarse al océano sin saber nadar.

La carrera no quedó solo desfasada del momento que está viviendo el mundo a nivel económico, no solo no aborda las preguntas relevantes para nuestro presente; sino que además no nos ofrece siquiera las herramientas básicas para poder usar un excel (que se necesita para cualquier trabajo de economista).

Si querés ser docente, investigador, trabajar en el sector público o privado, cambiar el mundo para hacerlo más justo, si querés hacer la revolución socialista o levantar las banderas de la justicia social (incluso si quisieras llenarte de plata especulando en la bolsa)… Para cualquiera de esos casos, la carrera de Economía actual es pobre, es anacrónica, es desordenada, y necesita de vos y de toda la comunidad académica para cambiar y convertirse en una herramienta de transformación social.

[1] Nunca leímos tantos papers y congresos con “Rethinking“ (repensando) como título.

[2] En el capítulo 2 de mi tesis doctoral se exponen las distintas posturas de un modo breve y simplificado. Se puede consultar online en: http://economixx.tumblr.com/.

Advertisements

One thought on “Plan de estudios, economía crítica y traumas de los ’90. Reflexiones sobre un debate empantanado

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s