Estamos todos en la mesa, menos nosotras

En los últimos días y en medio de las discusiones en torno a la Reforma Política, un gran grupo de diputadas de diversos partidos políticos se ha pronunciado por una mayor participación de las mujeres en todos los espacios de poder del Estado. Este año se presentaron unos 19 proyectos (en la cámara de diputados y en la de senadores) que apuntan a una mayor presencia de las mujeres y varios de ellos plantean aumentar el cupo femenino del 30 por ciento vigente en la actualidad. Las mujeres ocupan un 34 por ciento de las bancas entre Diputados y el 40 por ciento entre Senadores. En el poder ejecutivo, entre los ministros ellas son solo el 22 por ciento.

Pero la actividad política no es algo que se construye unidireccionalmente desde los órganos de gobierno y desde la punta más alta de la pirámide hacia abajo, sino que muchas veces surge de las necesidades cotidianas: disputas básicas como comedores o bibliotecas en los barrios, cuidado del medio ambiente, defensa de los derechos humanos, ampliación de derechos laborales. Entre las diversas organizaciones políticas y movimientos sociales, los sindicatos ocupan un lugar muy importante y crucial porque articulan a los trabajadores en torno a conseguir mejores condiciones laborales.

En las cúpulas sindicales argentinas la gran ausente es la mujer y, con ella, también están ausentes las disputas por el pago igualitario, protección de la maternidad, licencias por violencia de género, espacios para la lactancia, jardines maternales en lugares de trabajo, y tantas otras que hacen a la vida cotidiana de las trabajadoras argentinas (el 56 por ciento de las mujeres trabaja). Solo en un puñado de países hay cupos que cumplir con presencia femenina en sindicatos y la Argentina es uno de ellos aunque no ha servido para cambiar la composición de la mesa de decisiones. Según un relevamiento del Ministerio de Trabajo (2016) sobre 25 sindicatos, solo en 5 de ellos no hay ninguna mujer en la comisión directiva; aún así, el lugar que ocupan ellas está más orientado a acción social, turismo o secretaría de la mujer. En promedio, ellas tienen el 18 por ciento de los cargos de secretario, subsecretario o prosecretario, pero en ninguno de los sindicatos estudiados hay una secretaria general o adjunta. En un trabajo del Instituto de la Mujer de la CGT se menciona que “de un total de 1448 cargos sindicales sólo 80 son ocupados por mujeres. De éstos, 61 se corresponden con cargos de vocalías o de revisiones de cuentas. En 25 sindicatos, las mujeres no tienen ninguna representación” (ver más en LINK). A su vez, la OIT señala que solo el 5 por ciento de los puestos directivos de sindicatos y organizaciones de trabajadores están ocupados por mujeres.

La nueva CGT, tiene solo 2 mujeres en 37 secretarías: Sandra Maiorano de la asociación de Médicos en la secretaría de Salud y Noemí Ruiz (del sindicato de Modelos) en la secretaría de Igualdad de Oportunidades y de género. Las mujeres ganan 27 por ciento menos que los varones, enfrentan tasas más altas de desempleo (sobre todo las más jóvenes) y más de un tercio de las trabajadoras está precarizada (y su brecha salarial alcanza el 40 por ciento). Las mujeres son el grueso de los trabajadores más pobres, de allí que su incorporación en la actividad sindical sea tan necesaria así como la introducción de la perspectiva de género en las disputas de los trabajadores.

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