‪Elecciones del post recontra imperialismo

por Mercedes D’Alessandro

 

La campaña presidencial de Hillary Clinton y Donald Trump compite en estrafalaria con la parodia de ella que ofrece la última temporada de South Park. En South Park, la elección se juega entre el candidato “Gran Sorete“ y la candidata “Sándwich de Mierda“. El primero se da cuenta a mitad de camino que no quiere ganar y empieza a hacer todo lo políticamente incorrecto que encuentra a su paso: desde fumar en un edificio público mientras da un discurso a insultar mujeres, que se levantan de sus asientos y son recriminadas a los gritos por indignarse ante la misoginia y el machismo pero no por la xenofobia o el racismo. Sándwich de mierda, por su parte, es una autómata que repite lo que le dicen sus asesores sin pensar, aún cuando es en contra de sí misma. Todo sucede en medio de una invasión de Member Berries, unos simpáticos frutos del bosque similares a las uvas que se la pasan recordando las glorias de los 80 y los 90, que son consumidas a mansalva por los adictos al pasado. Niñas feministas, trolls de internet y viajes imaginarios a Marte, completan una excelente pintura de cómo se vive la recta final de la decisión que va a afectar los destinos del planeta.

donalvsclinton

‘member the 80s? And the 90s?

En 2008, Estados Unidos fue sede de una de las mayores crisis económicas de la historia moderna, crisis que -aunque abandonó la portada de los diarios- aún se siente, sobre todo en la clase media estadounidense. Gran parte de la sociedad perdió su fe en la vieja fantasía del American Dream. Entre 2008 y hoy, apenas se recuperaron los niveles de empleo previos a la crisis pero en una situación laboral y social bastante más precaria. Trabajadores que ganan menos de 10 dólares la hora y sin derechos laborales, jóvenes que asisten a la universidad a costa de grandes deudas para financiar sus estudios (y futuro), un sistema de salud que es de los más caros del mundo y una desigualdad entre ricos y pobres que aumentó desde entonces y es bastante escandalosa. Wall Street, quien fuera el enemigo público número 1 hace tan solo unos años, contempla plácidamente un espectáculo en el que no tiene nada para perder. Ambos candidatos se muestran serviciales y sin ánimos de hacer reformas en el mercado financiero, las aguas danzan al compás de las noticias esperando el después y lo que haga la Fed con la tasa de interés.

En el Upside Down de esta sociedad abundan quienes no quieren más que vivir en su mundo encantado, lejos de las preocupaciones: volver a esos momentos en el que su trabajo no estaba amenazado por nuevas tecnologías que aparecen cada 18 meses, o por ciudadanos del mundo que llegan con títulos universitarios, ilegales que cruzan fronteras dispuestos a trabajar por migajas o enemigos terroristas mucho más difíciles de identificar que la vieja Unión Soviética (aunque el fantasma ruso se agitó con wikileaks y cuentas hackeadas).

Pero los últimos debates de los candidatos ya ni siquiera se centraron en cómo afrontar los desafíos económicos o la política internacional. Más allá de la muletilla de construir un muro para que no entren los mexicanos de Trump o prometer generar empleo a través de obra pública como propone Clinton, no se ven grandes apuestas. Algunas reformas impositivas, mayor o menor proteccionismo, China si, China no, Siria, Corea del Norte… Las propuestas fueron quedando eclipsadas por los ataques personales y los fuegos artificiales que ocultan la ausencia de propuestas atractivas.

Protagonistas inesperados

La última temporada de South Park también presenta el nuevo componente de la elección. Las chicas de la escuela hacen una huelga para protestar por el bullying –sobre todo virtual- del que son víctimas. La medida consiste en que todas dejan a sus novios (como cuando las mujeres de Lisístrata hacían un paro sexual en la obra de Aristófanes para detener la guerra). Además, la candidata a vice de Gran Sorete en la ficción es Caitlyn Jenner, quien en la vida real manifestó su apoyo a Donald Trump… y con ella aparecen también las contradicciones entre las distintas capas sociales que componen los Estados Unidos en su despliegue cultural que hoy tiene que darles lugar a un montón de minorías antes silenciosas.

No solo es la primera vez que hay una candidata a presidenta en un partido mayoritario con chances de ganar la elección, sino que los reclamos feministas consiguen un lugar bastante central en las plataformas de ambos candidatos, aunque no siempre para bien. Pence, el candidato a vice de Trump, propuso en algún momento hacer funerales para los fetos abortados arrojando hoy sombras sobre la continuidad del aborto legal. El vice de Clinton tampoco fue se puede decir que es un gran defensor del derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. Sin embargo, Ivanka Trump, una de las hijas del magnate, tomó como propia la bandera del maternity leave (la licencia de maternidad) y planteó abiertamente en un discurso que su padre impulsaría esta medida. Estados Unidos es uno de los dos países en el mundo en que no hay una licencia de maternidad paga. Por su parte, Clinton remarca en cada lugar la necesidad de lograr la vieja consigna de pago igualitario para mujeres y varones, que es ley desde los sesenta aunque no se cumple. La semana pasada se publicó el reporte anual del World Economic Forum y uno de los resultados que empezó a circular es que no solo las mujeres ganan menos que los varones en los Estados Unidos, sino que las negras y latinas ganan menos aún, y que si se sigue la senda actual tardarían más de 200 años en cerrar la brecha. La participación política de las mujeres tampoco está en los primeros puestos, en el parlamento estadounidense es incluso menor al promedio mundial del 23% de bancas ocupadas por ellas.

El feminismo llegó –al menos en la superficie- hasta la cumbre del poder actual y Barak Obama escribió un ensayo en el que se autodeclara feminista. Estos días también aseveró en un discurso que la prensa y muchos votantes tratan con un doble estándar a Hillary Clinton por el solo hecho de ser mujer: se la critica si sonríe, si no lo hace, si es muy dura o si no muestra sensibilidad. Pero Obama también rompió un techo de cristal al convertirse en el primer presidente negro. Más allá de las expectativas que generó su mandato, y que provocó una mayor participación política de los afroamericanos, su legado no consolidó un cambio sustancial para esta parte de la población. Los afro descendientes siguen enfrentando mayores niveles de desempleo, son la mayoría de la población carcelaria, y los sospechosos de siempre en la calle. El crecimiento de #BlackLivesMatter al final de su mandato es sintomático del racismo que no termina de desaparecer. Mujeres, latinos, negros y minorías en general, en todo caso, son los únicos que no están nostálgicos con el pasado y posiblemente sean quienes decidan esta elección.

 

¿El bad hombre vs la nasty woman?

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Para ponerle más dramatismo a la situación aún, Trump y Clinton son los candidatos menos populares y queridos en sus respectivos partidos. Muchos republicanos le retiraron el apoyo a la campaña de Trump, incluso algunos han confesado que van a votar por Clinton. Los más revolú de los demócratas también se encuentran presos de un sistema que fuerza al bipartidismo y no logran engancharse con las propuestas de una Clinton muy status quo o tibia que, si bien rescató algunas banderas de Sanders, es demasiado amiga de ese Wall Street que huele a crisis, a desigualdad, a quedarse con lo que no corresponde. “Estos dos nombres representan todo lo increíble y vulgar en las últimas 3 décadas en este país”, dijo Donny Deutsch, un famoso publicista de Manhattan. Ambos son personajes de poder, gran ambición, influencias y riqueza.

Las encuestas oscilan en función de quién tuvo la peor performance del día o el chisme más jugoso. A menos de una semana de las elecciones, el sitio Five Thirty Eight le da 34% de chances de ganar a Trump, algo que al principio de esta carrera loca que ya lleva más de un año nunca nadie hubiera soñado. Las especulaciones plantean todo tipo de escenarios en un país en que las elecciones no son obligatorias y el cuántas personas salen a votar puede cambiar sustancialmente el resultado. Los votantes se mapean por edad, sexo, raza, etnia, superhéroe favorito… Se sabe que las mujeres votan en mayor proporción que los varones, que las más grandes apoyan a Clinton, que incluso si solo votaran mujeres ella ganaría la elección y si solo votaran varones la ganaría Trump. El 65% de los afroamericanos vota, pero solo la mitad de los latinos y un 46% de Asian-American. Los más ricos, los que tienen empleo, los más viejos y los más educados votan más que los pobres, desempleados, jóvenes y gente que no terminó el colegio. A todo esto se le añade un sistema de votación complejo que no cuenta votos y los suma matemáticamente: hay estados que se saben azules o rojos[1], y otros en los que hay que ir a remarla. Puesto así, se entiende por qué tanta atención personalizada al votante y también por qué algunos estados importan más que otros.

 

Volver al futuro

Ambos candidatos van a pasar la noche de la elección en New York. Clinton, al parecer, eligió el Javits Convention Center –en Manhattan-, un lugar que literalmente tiene un techo de cristal, el que ella rompería (metafóricamente) si gana el próximo martes. Trump hará lo propio en una de sus famosas torres. Faltan muy pocos días pero nadie descarta nuevas aventuras que ya nos dieron excelentes capítulos de Saturday Night Live protagonizados por Kate McKinnon y Alec Baldwin, discursos plagiados de Melania Trump a Michelle Obama, filas de mujeres denunciando a Donald por acoso sexual, teorías conspirativas que sostienen una enfermedad terminal de Hillary y una doble que ocupa su lugar, su lesbianismo oculto con Huma Abedin, mails privados sueltos, relatos de Louis CK, James Franco en paños menores, guerras en twitter, una ex Miss Universo enojada, carteles de Bill Clinton como first lady y toda la fantasía y el merchandaising que queremos. Mucho show, eso que Estados Unidos sabe hacer tan bien.

Y si no nos gustan los resultados, podemos buscar nuestras propias member berries o escapar a Marte, como hace Cartman en su imaginación en esta temporada de South Park que nada tiene para envidiar a la realidad.

 

PD: ¿Son lo mismo? No. Trump es peor.

[1] El rojo de los republicanos y el azul de los demócratas. ¿El rojo de abrazar la cruda realidad o el azul de la feliz ignorancia en la ilusión como en Matrix?

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